La Supercopa es el primer título de la temporada en juego y el cuarto en la jerarquía histórica tras la Champions League, la Liga y la Copa del Rey, pero año a año ha ido adquiriendo un valor emocional cada vez más irrefutable porque suele medir los momentos de los dos grandes del fútbol español. Barça y Real Madrid se volverán a enfrentar este domingo en Jeddah (20 horas) por quinta vez desde que el torneo se exportó a Arabia Saudí en formato cuadrangular y el efecto de ganar o perder este Clásico supercopero ha dejado casi siempre consecuencias. Esta vez no parece que vaya a ser una excepción, aunque el calado de esas consecuencias sea a priori muy distinto para Barça y Madrid.
Barca-Madrid Supercopa
Que el relativismo de décadas añejas en la Supercopa ha pasado a mejor vida lo prueba la llamada a filas de urgencia y con vuelo privado incluido de la gran estrella madridista, Kylian Mbappé, por mucho que su entrenador Alonso avisara que no iba a ser “kamikaze” con su alineación tras la lesión de rodilla del goleador francés. La impresión latente que previamente destila este Clásico es que el entrenador que tiene su puesto en duda es el del Madrid y que el favorito es el Barça. Por esa misma razón Alonso subrayó el mensaje de la fe merengue con la arenga “estamos seguros de que podemos hacerlo”, mientras el técnico azulgrana Flick lo vive desde la perspectiva del que aspira a consolidar un ciclo con el cuarto título como culé espoleado por el gran recuerdo del primero, precisamente la Supercopa de enero de 2025 con aquel memorable 2-5 al Madrid.
La necesidad y la ilusión
Visto así, este título es para el contestado proyecto de Xabi Alonso una absoluta necesidad y para Flick, un motor de ilusión en el crecimiento de su Barça. A horas del partido, el entrenador azulgrana se esmeró en mantener el equilibrio entre el respeto al rival y la autoestima con frases como “el Madrid tiene un equipo fantástico y nosotros, también”. Aunque negó que la derrota en el Clásico liguero de octubre en el Bernabéu aumente el afán de ganar, a nadie escapa, ni en los foros culés ni en los merengues, que un triunfo del Barça, dependiendo de cómo llegue, puede hacer un daño especial en el gran rival. Pero por lo que dijo en rueda de prensa Flick el foco está puesto en “querer ganarlo todo”, ahuyentando cualquier mensaje prepotente, sólo legítimo en el forofo, que pasaría por la torpeza de preguntarse no si se ganará este Clásico sino por cuántos goles. Por ahí no puede ir el planteamiento, ni ahora ni nunca. Porque, aunque el Barça pasó y brilló ante el Athletic en la primera semifinal (5-0), el Real Madrid eliminó al Atlético (2-1) por su ancestral instinto de supervivencia, también visible en el derbi, aunque no vistoso.
A partir de ahí, a priori las sensaciones futboleras y el momento de sus jugadores están con el Barça frente a un Madrid con Mbappé entre algodones y una defensa de circunstancias. La cuestión, para el Barça, es demostrar en el campo que la dinámica es suya y no darle al eterno rival gasolina moral para creer en una Supercopa que ha marcado tendencias en los últimos años respecto al resto de la temporada.