El Girona sumó un punto sobre la bocina frente al Rayo gracias a un gol de Stuani que puso contra las cuerdas a los catalanes. Los madrileños se avanzaron a falta de cinco para el final, pero el capitán demostró que sigue siendo el alma de los de Míchel.
Vallecas cerró la jornada recibiendo a los suyos con un eterno aplauso que se extendió desde el túnel de vestuarios hasta la puesta en escena que dio paso al saludo reglamentario entre equipos. Estar en la final de la Conference League no se cuenta todos los días y, consecuentemente, eso permitió ver un once más rotativo en las filas de Iñigo Pérez.
VídeoFrente a ellos, y vestidos de amarillo, un cuadro visitante que llegó a la cita lamentando sus últimas tres derrotas consecutivas. Hace tan solo tres semanas el equipo parecía tener más que encarrilada su continuidad en Primera, per la realidad les situó a jugar contra el cuadro madrileño con un solo punto de margen respecto al descenso.
Sobre el verde, más respeto que juego. Los locales aclararon en la previa que, a pesar de esos 42 puntos, la permanencia no estaba sellada de forma matemática. Eso empujó a los locales a intentar sumar antes de prepararse para la gran cita del año sin la presión del torneo doméstico.
Los gironins, con mucha más presión, plantearon un partido para no perder, sin perder los modales en lo ofensivo. Tan solo una acción de Joel Roca rozó la alegría visitante en el primer tiempo y el orden reinó en unos primeros 45 minutos de muy poco espectáculo para el aficionado. Camello, justo antes del descanso, tuvo la más clara en un mano a mano con Gazzaniga, pero ahí apareció el ex del Rayo para salvar el resultado justo cuando se asomaba el ecuador del choque.
GaleríaEl segundo tiempo siguió la misma tónica. Poco riesgo, poca contundencia ofensiva y pocas excursiones a la aventura –más allá de las necesarias–. Al Girona le pudo la necesidad, viendo por bueno un resultado que permitiera, al menos, un punto más en la tabla. El Rayo, que tampoco se volcó en exceso, pareció compartir la misma norma que su contrincante.
Los de Míchel, con el vallecano regresando a casa, fueron tan meticulosos que hasta los 50 minutos no cometieron ninguna falta. Todo se midió al detalle, pero en el fútbol, nada puede predecirse con total seguridad. Y lo que no pudieron controlar los catalanes, fue la punta de la bota de Alemao.
Y es que el cuadro rayista encontró oro casi sin querer, al menos en la dirección del disparo de Unai López, que parecía irse fuera. Aun así, el olfato de Alemao le llevó a poner la puntera y a desviar el golpeo en la dirección correcta, haciendo estallar Vallecas (86’). Los catalanes no podían ni creérselo.
Pero en las peores apareció el mejor –dicho por la historia gerundense–. Por enésima vez, Stuani dio esperanzas a los suyos ganando a su marca en un saque de esquina sobre la bocina (90'). El uruguayo, aun con pocas oportunidades, demostró que el alma del equipo sigue sobre el aura del ariete. Al final, reparto de puntos.