La Real es tetracampeona de la Copa del Rey Mapfre tras tumbar al Atlético a penaltis tras un 2-2. Con sufrimiento, como no podía ser de otra manera tras una temporada comenzada de la peor manera y una resurrección a base de épica total en 2026 con un Matarazzo soñador que convirtió a incrédulos en creyentes porque había evidencias innegables para hacerlo. Con los de la casa anotando los dos goles, el penalti decisivo y las paradas de la tanda. Eligiendo a Marrero por ejemplo, héroe total de la tanda de penaltis y de la Copa parando los dos primeros. Con Marín, de la casa, anotando el penalti decisivo tras 120 minutos y nueve penaltis no aptos para cardiacos. Para toda la afición realista, que demostró lo fuerte que es con un desplazamiento tan heroico como el gol o la parada. Para la historia. Oyarzabal alzó el título al cielo cinco años después, pero rodeado mucho mejor.
Marrero y Sucic, al ‘once’
Fueron las dos principales sorpresas de la alineación realista el portero azpeitiarra y el centrocampista croata, si pueden considerarse así con la confianza que el entrenador les ha dado en 2026. El arquero fue el elegido, como en toda la Copa salvo cuando estuvo lesionado, por delante de Remiro. La defensa estaba clara, Soler bajó su posición por la entrada de Sucic porque Gorrotxa no debía estar tan bien como decían y se quedó en el banquillo. Arriba, aguantó Barrene, con acierto, con Guedes y Oyarzabal, que eran fijos pese a no entrenarse en la víspera el portugués.
Feliz primer tiempo
Si ya había locura en las gradas, hubo una persona que se encargó de provocar el delirio total nada más empezar, en el gol más rápido de la historia de las finales de Copa del Rey Mapfre. 14 segundos tardó en decir ‘aquí estoy y puedo ser campeón’ la Real de Matarazzo. El plan comenzaba perfecto. Un golpeo largo de Marrero a la izquierda que se comieron dos colchoneros y cayó a Guedes en la izquierda. Como de costumbre, se la guisó él solo para provocar algo de peligro. Sacó un centro medido con su pierna menos buena, que es buenísima, y ahí irrumpió un protagonista inesperado. Irreconocible para muchos porque buscó la épica y el aura de algo parecido a Griezmann y Óskarsson con el pelo rubio teñido. Voló sobre la zaga colchonera y cabeceó perfecto, a un lugar donde nunca llegaría Musso. Golazo, inicio perfecto.
Los realistas empezaron bien plantados, con Aramburu sufriendo mucho con Lookman en todo, eso sí, pero con criterio en el juego. En el 4’ despejó de puños bien Marrero una falta peligrosa de Julián. Luego llegaría la acción defensiva top, límite, ganadora de Jon Martín evitando el mano a mano y gol de Julián. Sin falta, perfecto. Pero el Atlético tenía armas por la banda y las usó bien. En el 19’ iba a empatar Lookman con un zurdazo raso perfecto tras un pase de Griezmann. Le dejó demasiado tiempo y espacio Caleta-Car, como ya hizo en este estadio ante el Betis hace mucho.
Pero la Real no se iba a venir abajo. Volvió a dominar y a llegar con peligro. Un misil de Guedes rozando la escuadra, una buena jugada de Barrene y Sucic para Soler que desvió un zaguero, otro zurdazo alto de Guedes y al final, en una parte de extremos, el gol. Un centro perfecto de Soler lo buscó con todo Guedes, que se adelantó a un Musso que llegó tardísimo y se lo llevó por delante con un puñetazo. Penalti claro, y amarilla. En el descuento. Y el de siempre no iba a ni a pestañear. Oyarzabal asumió la responsabilidad sin miedo y batió al argentino para llegar al descanso por delante. La Real creía. Faltaba mucho.
Sufrimiento
Saltó mejor el Atlético al campo. Griezmann la tuvo en un balón suelto, luego Lookman en un contragolpe peligroso. A la Real le estaba costando salir de atrás y tener el balón. Y el Cholo activó la carta secreta a la hora de juego con Sorloth, más Nico. Aunque retiró al mejor hasta el momento, Lookman, y a Ruggeri. Gorrotxa, tras un mes KO, y Marín fueron los primeros revulsivos de ‘Rino’ con mensaje claro: a currar. Barrene no podía más y se fue al suelo y el otro cambiado fue un buen Turrientes. Pasaban los minutos con el Atleti buscando el empate y la Real mejor posicionada. El capi, tras otra buena acción, dijo ‘basta’ en el 77’. Entró Óskarsson, aclamadísimo, y Aihen por Guedes para cerrar la banda izquierda. Estaba cerrando bien la Real pero llegó el empate en el 83’. Una finta tremenda de Julián con el control le hizo deshacerse de Gorrotxa y batió con un zurdazo desde la frontal a Marrero. Momento de saber sufrir era. Y de sacar a Kubo para reaparecer. Hubo microinfartos, porque Baena falló con todo a favor, disparando alto un balón de empujar. Sorloth remató fuera y Cardoso falló un mano a mano por poco. Se vino arriba la grada rojiblanca. Pero la Real aguantó. Prórroga.
La Real reaccionó para la prórroga y fue la que propuso más de inicio. Y generó. Kubo, con una gran conducción, habilitó a Óskarsson pero no acabó en tiro la jugada. Un barullo en el área no acabó en buenos tiros y una doble parada de Musso evitó el 3-2 de Sucic y, en el rechace, de Óskarsson. Pesaron las piernas ahí. Pero a la vuelta, Julián estrelló un misil desde una frontal vacía, en la cruceta. Bajaron los decibelios en la segunda parte por un nerviosismo total y generalizado en el estadio y en el verde. Entró Aritz por un Aramburu exhausto. Y llegó el final. Penaltis. El momento de los héroes, y no quedaban muchos de los principales. Quiso serlo Marrero parando el primer y segundo penalti a Sorloth y Julián, nada menos. Anotó Soler pero falló un Óskarsson muy tensionado. Marcaron Nico, Sucic, Almada, Aihen y Baena seguidos. El decisivo lo decidió tirar Marín. Y lo marcó, un héroe de Zubieta hizo campeona a la Real en Sevilla. Para siempre.