La Real es total. E invencible con su gente. Y así lo demostró en un día magnífico que pasará a la historia junto al Molinón o La Romareda como días que nunca, nunca se olvidarán. Y no solo por ganar, que evidentemente alza la cita a una dimensión diferente. Sino porque la demostración fue total.
La fiesta del fútbol tuvo lugar en Sevilla en un fin de semana fantástico de la esencia del deporte rey: el sentimiento por tu club. La afición realista fue la primera en invadir Sevilla ya desde el viernes principalmente. El sábado por la mañana llegaron los guerreros restantes, así como el ejercito colchonero en masa, igualando bastante las cosas. Pero el centro de Sevilla fue txuri urdin sin ninguna duda. El ambiente del sábado desde las 9h fue algo impresionante. Felicidad, comunión, alegría e ilusión. Un disfrute total. Calles totalmente inundadas de gente sin parar de cantar. Triana o La Giralda eran una fortaleza txuri urdin. Poco a poco, y superando el calor incesante, los aficionados fueron yendo hacia la fan zone situada lejos del centro y lo cierto es que tampoco tan cerca del estadio como se vendía. Allí gozaron miles con las distintas actuaciones y cánticos, con Brigade Loco como punto álgido. Luego, la kalejira al estadio fue tremenda, con miles de adeptos.

La tarde-noche fue tensa porque se acercaba la final. En el estadio era ligera mayoría la parroquia colchonera. Pese a los retrasos que sufrieron algunos realistas para entrar, los miles presentes alentaron a los suyos sin parar desde el calentamiento, estallando de júbilo cuando saltaron los jugadores. Y, sobre todo, enumerando los titulares entre la megafonía y la propia gente. Había ganas de final. Como para no. A alguno se le erizaría la piel seguro dentro del verde. Los goles generaron altos y bajos tremendos, la prórroga unos nervios insoportables. Y el estallido final, indescriptible.
Hubo desastres
No fue todo el día de fiesta perfecta puesto que hubo varios problemas que se repiten de manera incomprensible. La Policía Nacional realizó cargas a aficionados de la Real Sociedad en Triana sin haber conflicto previo por la tarde. Luego, la fan zone alejada del centro a la que tenían que dirigirse los aficionados realistas colapsó antes de las cinco de la tarde. El aforo se superó y cerraron la entrada en la cara a muchos realistas que ya no sabían a dónde ir. El problema fue que se enteraron en la puerta, cuando habían sido redirigidos durante media hora andando al sol. Luego, además, hubo problemas y la fan zone cerró antes de tiempo, además de las posteriores colas interminables para entrar por controles excesivos, que acabaron con aficionados entrando sin enseñar la entrada porque el internet no iba bien. Caos, incompetencia. Que solo empañaron una demostración indiscutible e histórica de la fuerza de la masa social de un club gigante en una provincia pequeñita.