El Getafe de José Bordalás llega a Anoeta convertido en una de las grandes revelaciones del segundo tramo del campeonato, tras protagonizar una remontada clasificatoria digna de estudio. Lo que en invierno parecía una temporada abocada al sufrimiento por el descenso, se ha transformado en abril en una candidatura firme a los puestos europeos. Este giro de 180 grados tiene su origen en un mercado de invierno sobresaliente, donde la dirección deportiva logró dotar al técnico alicantino de las herramientas necesarias para equilibrar una plantilla que, en la primera vuelta, llegó a jugar con centrocampistas reconvertidos en delanteros por falta de efectivos.

La metamorfosis se sustenta en cinco nombres propios: Boselli, Satriano, Luis Vázquez, Zaid y Birmancevic. Estos refuerzos no solo han aportado fondo de armario, sino que han elevado drásticamente el techo competitivo del equipo. Mención especial merecen Luis Vázquez y Satriano, quienes con 3 y 4 goles respectivamente desde su llegada, se han convertido en las armas letales de un equipo que ahora sí tiene colmillo. La irrupción de ambos ha permitido a Bordalás asentar definitivamente un esquema de tres centrales y dos carrileros (defensa de 5) que ha blindado la portería azulona, otorgando una seguridad defensiva que es ya la seña de identidad del grupo.
Los números avalan este gran momento de forma: el Getafe ha sumado de tres en seis de sus últimos nueve compromisos, una racha casi de campeón que les ha permitido situarse a tan solo un punto de la Real Sociedad. La mejoría no es solo estadística, sino también de sensaciones. El equipo ha ganado en pragmatismo y capacidad de cierre; ahora es un bloque mucho más sólido pero que se despliega con una verticalidad envidiable en las transiciones, aprovechando el despliegue físico de sus nuevos laterales y la puntería de su dupla ofensiva. Y al que no le molesta el balón.

Aunque llega con dos bajas sensibles en el centro de la zaga como Domingos Duarte y Zaid Romero, el rival que pisará el césped de Amara es un bloque mucho más equilibrado y peligroso que el de la primera vuelta. Con el centro del campo comandado por la jerarquía de Luis Milla y Mauro Arambarri, el Getafe llega en su pico más alto de confianza y rendimiento físico. Para la Real Sociedad, el partido supone una amenaza máxima: se enfrenta a un equipo rocoso que no negocia el esfuerzo y que ve en el cansancio acumulado de los donostiarras la oportunidad perfecta para dar la machada, adelantarles en la tabla y presentar oficialmente su candidatura a viajar por Europa el próximo curso.